La tarde era plomiza y la espectación muy grande. El maestro debutaba en esta plaza y los nervios afloraban sin disimulo. Saltitos y estiramientos antes del paseíllo.
Va a salir el primer morlaco, el maestro se va a portagallola pero el bicho sale despistado, se acerca despacio y cuando está a tres metros del maestro, que ha aguantado firme con las dos rodillas selladas al albero, el burel da dos bufidos y sale de estampida. Dos vueltas al ruedo, babeando las tablas, buscando la salida hasta parar en chiqueros. Esto tiene mala pinta, este es manso de libro, se decía para sus adentros.
Se acerca con el capote y la primera arrancada arremete con la cara alta y las manos por delante, berreando como si perdiera la vida. El diestro, haciendo alarde de seguridad y técnica, lo sujeta con destreza y lo saca a la raya del tercio, donde le receta tres verónicas y una media de cartel.
Al caballo acude dos veces pero, al mínimo contacto con el hierro, canta la gallina y sale bufando. Total, se queda sin picar.
No va a tener faena, si le bajo la mano se me cae y yo para enfermero no valgo, rumiaba el maestro.
Al presentarle la muleta se arranca sin control, tirando gañafones, pero el diestro, sin inmutarse, curtido en plazas de carros y talanqueras, le receta una serie de doblones a lo Gregorio Sánchez,largos, intensos, pausados y con una seguridad pasmosa. Entonces vino lo peor, el burel se para, mira al tendido y parsimoniosamente se dirige a toriles donde con la boca abierta y soltando espuma se echa para no levantarse mas.
El maestro, contrariado, murmúra al subalterno: "para este viaje no hacía falta alforjas".
Esto que relato es lo que aconteció ayer en el Congreso de los Diputados y el maestro, que recetó la faena de aliño por falta de enemigo, no es otro que el nuevo ministro de justicia, a quien le acusan de todo porque no le pueden achacar nada.




Junto a Roberto Domínguez, el maestro toledano es al que mejor y con más gusto he visto realizar una faena de aliño. Sus doblones por bajo, plenos de elegancia, mando y torería, fueron la forma y el recurso de lidiar a unos toros de verdad, no las babosas de ahora, que no se prestaban al lucimiento y que requerían que se les pudiese y se les dominase antes de entarar a matar, sobre todo en su última época en la que, misterios de la fiesta, tuvo que sufrir la injusticia de un público que se le puso en contra. Ante el panorama que tenemos hoy sería el de Santaolalla, sin duda, una figura indiscutible y cotizada. El ministro, al igual que Gregorio Sánchez, y más con la polémica suscitada a priori, ha hecho bien en aliñar ante un tendido repleto de reventadores profesionales, y además lo ha hecho bien. con profesionaliad, con mando y con dominio. Tiempo tendrá para lucirse ante púbicos coherentes y cabales que juzguen su labor por lo que hace, fuera de prejuicios y consignas aprendidas y previamente establecidas por los que pagan las entradas, el bocata y el autobús para jalear o abroncar a quien más les convenga.
Como me gusta el nuevo ministro, con este no se van a ir de rositas. Cada vez que quieran berrear, se lo van a pensar dos veces, se iran a El Mundo y eruptaran a sus anchas.
Es como esa sensación cuando vas a la plaza con un cartel de esos que dices hoy pasará algo ó al menos la tarde no va a ser indiferente.
Pero esto es un oficio muy complicado y luego ..............................