Susto de Zoe
Hace casi un mes que exponía en esta bitácora que el destino, a lo mejor, si que existe. Hoy tengo que afirmar que a veces las coincidencias te dejan descolocado.
Por las mañanas no suelo detenerme en el jardín, salgo directamente al curro sin perder un minuto en mirar si la hiedra me ha inundado, o si el rosal de la piscina ha crecido tanto que me cierra el paso.
Hoy si, sin ninguna razón aparente, simplemente me di una vuelta por detrás de la casa. De repente, oigo ruidos como de envases de plástico y chapoteos. Vaya, algún pájaro ha caído a la piscina y reniega lo que no está en los escritos para salir, pensé.
Me acerco sin prisa, y me llevó el susto del siglo. Nuestra querida Zoe, la perra mejor domadora de gatos, seguramente en alguna persecución minina, había caído a la piscina, se había enredado en las cuerdas que sujetan los flotadores antihielo y luchaba denodadamente por salir sin conseguirlo. Suerte que se me ha ocurrido dar la vuelta, porque sino a estas horas no sé si Zoe seguiría viva. La he cogido de las patas delanteras y en un santiamén ha salido fuera, se ha sacudido la melena y me ha bañado literalmente con sus sacudidas. Pobrecilla, teníais que haber visto las piruetas y saltos de agradecimiento que me ofrecía mientras la secaba.
Cada vez está más claro que Zoe es una de los nuestros.





fanychachi dijo
ains mi gordita, que ha vuelto a nacer...
11 Mayo 2007 | 01:59 AM