Ha salido el señor Blázquez, digo Cañizares, y ha hablado con una claridad pasmosa del mal. Me he asustado.La verdad que llevo media vida intentando deslindar el bien del mal sin caer en el maniqueísmo y este señor, seguro que llevado de la fuerza de la iluminación, en un plisplás lo ha resuelto: "La asignatura que intenta infundir valores democráticos es el mal". Mira que lo he tenido cerca todos estos años y yo sin enterarme.
Ya en el siglo IV de nuestra era estas discusiones se hicieron famosas, pero a estas alturas suponía que el tema era bastante más profundo. Pues mira por donde no, así de sencillo: todo lo que no sea las normas de la religión católica es el mal.
No deja de admirarme la claridad con la que afronta la vida este hombre, ya digo, será cosa de la gracia santificante y la ayuda del Espíritu Santo.
Afortunadamente he escuchado a un gran sabio, Luis Gómez Llorente, unas palabras que me ha dejado más tranquilo. Luis con la precisión y la sabiduría que le caracteriza ha resumido el tema en dos palabras: "La escuela no sólo debe dedicarse a instruir, también debe educar. ¿Y en qué valores debe educar? Pues en los de la Constitución, así de sencillo".
El Señor Blázquez cae en una contradicción, porqueen la asignatura que tanto le molesta se explica la objeción y sus entresijos. ¿Cómo van a saber los ciudadanos dar respuesta a los alegatos de Objeción que los obispos les hagan, si no se les ha explicado antes?