Las puertas de los juzgados de Coslada son un hervidero de gente desde que se supo la detención del jefe de policía y unos cuantos agentes del mismo cuerpo.

La gente se movía entre las cámaras de TV, micrófonos e informadores, siempre bajo la atenta mirada de la policía nacional.

La reflexión de una señora asistente al espectáculo me parece digna de elogio: !Cuanto hartas estarían las chicas rumanas para atreverse a denunciar al ca...(palabrota) y nadie del pueblo lo había hecho, sabiéndose como se sabía!