Lo vi en la acera, cerca del cubo de la basura y me dio pena. Los restos de un brasero de mesa camilla despreciado y puesto en el punto de mira del olvido. Parecía como si el dueño no lo quisiera tirar del todo. Si pudiera hablar, la cantidad de historias que habrá vivido ahí en el suelo, callado, oyente y vigilante para que las ascuas no prendieran inoportunamente la ropa.
Lema del utilitarismo actual: cuando algo no sirve, se tira.




Me encanta este post. Objetos como estos tienen vida más allá de sus propietarios. A veces este abandono parece más bien una venganza, porque sabemos que nuestras cosas, libros, discos, etc, etc, nos sobrevivirán y eso cuesta asumirlo y perdonarlo. Es un post meláncolico y nostálgico. Y, efectivamente, si el brasero hablara... Por cierto, tiene el encato tu post de las Odas elementales, de Neruda, un maravilloso acto de justicia a las pequeñas cosas tan importantes en nuestra vida, sobre todo, las que vamos dejando atrás para siempre.